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Una vez-una de las veces-conversando con el pasado embajador dominicano en Washington, Flavio Espinal, yo le decía que con relación al tratado de libre comercio; yo, como muchos, no estaba de acuerdo con ese tratado porque era como un hacha que pendía sobre nuestro pescuezo, y que en esos tratados salían muy perjudicados los pequeños países, pues el capital nacional podía correr mucho peligro. El  embajador,  en cierto sentido, estaba de acuerdo conmigo pero alegaba que había solo dos alternativas; o escogíamos el cementerio o el manicomio. Lógico, se escogió al manicomio. Ahora bien. ¿Cómo podemos competir con Estados Unidos en asuntos de intercambio comercial? De ninguna manera.

Recientemente leí en la prensa dominicana que los vehículos de Estados Unidos llegarían al país sin ningún tipo de arancel. Cero impuesto. Bueno, el país no produce vehículos, pero tengo la libertad de pensar que el consumidor, si lo está pensando, no comprara vehículos a bajo precio, porque puede existir la posibilidad que lo dejado de pagar por los importadores se lo carguen al comprador. De lo que estoy seguro  es que los vehículos importados de otros países; como España, Inglaterra, Italia, Japón, Francia, con el tiempo,  si no  desaparecen del mercado, por lo menos  serán muy limitados; porque el mercado del transporte en la Rep. Dom.  Pertenecerá  exclusivamente a las compañías norteamericanas. Estamos hablando solo de vehículos. ¿Pero qué sucederá con otros renglones que se producen en el país y que dan vida a miles de trabajadores si  entraran en competencia-desleal- con supuestos iguales norteamericanos?

En el país existen porcicultores que están en capacidad de cubrir la demanda de carne de cerdo que exige el mercado nacional durante todo el año, así como la demanda de pollo, y huevos;  y en el agro; arroz y  habichuelas;  principales productos de alimentación del pueblo dominicano. Pero por amiguismo o por pago de favores el gobierno en alguna vez ha permitido la importación de habichuelas de Centroamérica, poniendo en peligro la inversión del agricultor nacional. Pero esto será poca cosa con lo que se presume podría suceder cuando un país que no tiene problemas con la energía, sus trabadores no tienen problema con vestido, alimentación y otras ventajas; que sus fabricas trabajan las veinticuatro horas del día; entre en competencia con otro país que su sistema colapsa y que por falta de energía sus fabricas se paralizan, sus obreros pasan hambre, desnudez, mala educación y no tienen un sistema de salud asegurado. Un sistema totalmente viciado en toda la extensión de la palabra; donde la corrupción solo necesita que por vía de una ley sea justificada; eso hizo falta que se insertara en algún artículo  de la nueva constitución.

Cuando se permitió a los agricultores de Estados Unidos que invadieran los mercados de Méjico, los agricultores mejicanos se alzaron en protesta y tomaron las calles de algunas ciudades. Sencillamente los agricultores de mejicanos  comenzaron a sentir los efectos devastadores y las consecuencias del libre comercio: En la globalización el más fuerte aniquila al más débil. Pero ese solo es un mínimo ejemplo de que sucede con el libre comercio. Ahora bien, pongamos en perspectiva a nuestro país  frente al libre comercio con los productores de Estado Unidos.

En este año de 2009 la producción  de carne de aves  en los Estados Unidos fue de  19,795 millones de toneladas,  carne de cerdo;  10,294 millones de toneladas y la producción de huevo;  7,560 millones de docenas. En cuanto a la producción de arroz, Texas  produce el 94% del consumo interno.  Además  los compradores de arroz de los Estados Unidos tienen la capacidad de compra en el exterior  la cantidad que sea, claro, imponiendo el precio de compra. Los productores norteamericanos no tienen temor a pérdida porque sus inversiones están garantizadas por unos sistemas que los protegen.

Imaginémonos los productores de carne de pollo, de cerdo y huevos de nuestro país en competencia de cantidad, calidad y precio con los productores de Estados Unidos.  Nos llenaran las terminales de grandes cantidades de contenedores listos para el mercado nacional, mientras los nuestros  desaparecerán del mercado; asunto de tiempo. A la larga ¿Cuáles serán las consecuencias? Nuestro capital privado interno podría desaparecer, absorbido por capital extranjero; nuestras instituciones estarían supeditadas a dictamos de corporaciones foráneas y nuestros gobernantes pasarían a cumplir las funciones de títeres. Pero no se puede ser tan pesimista, a lo mejor  nuestro  margen de  exportación hacia  los mercados norteamericanos también mejoren en otros renglones: Aguacates del sur, mangos banilejos, casabe del cibao, queso higüeyano y chicharrones de villa mella.

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